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25 de diciembre de 1939

Todavía seguimos aquí, hace ya un mes que mi padre obligó a mi madre, a mis hermanos y a mí, a meternos aquí. Era un búnker abandonado que había cerca de nuestra casa y que había sido utilizado en la Primera Guerra Mundial. Nos encerró dentro dejándonos una radio y comida suficiente para un mes, que sumada con la poca que quedaba en el búnker, era suficiente para un mes y medio. Cuando entramos nos dijo que solo saliéramos si escuchábamos en la radio que las bombas y la batalla habían acabado.

Al principio a todos nos costó acostumbrarnos a la vida en el búnker, pero conforme fue pasando el tiempo cada uno encontró maneras de pasar el tiempo. La que no lo lleva nada bien es mi madre; se pasa el día en una esquina, acurrucada con una manta agujereada y pegada a la radio. Al principio pensaba que lo hacía para saber cuándo podríamos salir, pero me fui dando cuenta que a lo que prestaba atención era a la lista de muertos, para saber si nuestro padre era uno de los caídos.

Esta mañana mis hermanos me han recordado que hoy es Navidad, aunque eso solo ha hecho que me ponga más triste. Antes de que empezara la guerra, por Navidad, nos solíamos reunir toda la familia para comer pavo, pero esta Navidad la pasaríamos encerrados en esa cárcel oscura, sin siquiera tener la compañía de nuestro padre ni un mísero abeto que decorar.

Al vernos a todos tan tristes, mi hermano mayor Jack convenció a mi madre para que cocinara algo especial. Y así lo hizo. Mientras mi madre encendía el fuego, nos comentaba que se le había ocurrido una idea. Nos la contó y como a todos nos encantó, decidimos ponerla en práctica.

Jack se dedicó a ayudar a mamá en la cocina. Mientras tanto, Joe y yo recolectamos palos encontrados por el suelo y telas rotas y, por otra parte, los mellizos, latas de conserva vacías. Cuando conseguimos todo, Jack se reunió con nosotros y empezó a montar el árbol de Navidad casero que habíamos decidido hacer.

Dos horas más tarde, cuando estábamos todos sentados en la mesa listos para comer pavo, al lado de nuestro árbol casero, sonó la puerta. Mi madre, entre esperanzada y asustada, corrió a abrirla. Cuando la abrió nos encontramos con el rostro de nuestro padre.

 


Autor: Guillermo Delgado Cabrera, alumno de 2º ESO (Grupo A) del Colegio Privado Engage.
Relato ganador de la categoría C (1º y 2º ESO) del I Concurso de Relato Corto Colegio Privado Engage.

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